Cómo funciona el aparato respiratorio

¿Cómo funciona el aparato respiratorio?

Conocer el aparato respiratorio es clave para saber cómo funciona y cuáles son los mecanismos de defensa. Se encarga de hacernos respirar, llevando oxígeno a la sangre y eliminando el CO2, intercambio que tiene lugar en los pulmones.

El aire, al entrar por la nariz, es transportado a través de las vías aéreas hasta los alveolos, lugar en el que se produce este intercambio gaseoso, para posteriormente pasar a la sangre y ser llevado a todas las células. De manera contraria, el CO2 que las células ya no necesitan se lleva a los pulmones para que se elimine por medio de la espiración.

El aparato respiratorio puede dividirse en 2 partes, las vías aéreas y los pulmones. Nos ocuparemos primero de las vías aéreas, que se subdividen en superiores e inferiores. Las superiores comprenden desde la nariz hasta las cuerdas vocales, e incluyen tanto a la faringe como a la laringe.

Las vías aéreas inferiores están formadas por la tráquea, bronquios y bronquiolos, ya en lo pulmones. La tráquea es un tubo que nace en la laringe y llega a los bronquios, que se introducen en los pulmones y empiezan a ramificarse, dando lugar a los bronquiolos, que una vez dentro de los pulmones acaban formando los alvéolos. La cubierta interna de los bronquios y la tráquea están recubiertos de una mucosa. Esta mucosa produce constantemente un moco o mucosidad que es el responsable de mantener el sistema hidratado, y actúa como una barrera eficaz ante los agentes patógenos que pueden hacernos enfermar.

¿Cuáles son los mecanismos de defensa del sistema respiratorio?

 Al inspirar, el aire entra en el organismo. Sin embargo, este aire no es limpio ni estéril. El aire que inhalamos contiene sustancias químicas (contaminantes, polvo) y partículas orgánicas (polen, esporas de hongos, virus y bacterias, etc.) que pueden ser perjudiciales para nuestro organismo.

Para prevenir estas amenazas, el aparato respiratorio ha desarrollado varios mecanismos de defensa, tanto de tipo inmunitario como mecánico.

Las defensas físicas del aparato respiratorio son:

• Vellosidades nasales
• Aparato mucociliar
• Tos y estornudos

- Las vellosidades nasales son la primera barrera de nuestro organismo contra los peligros que se encuentran en el aire que respiramos. De hecho, al inhalar por la nariz, las partículas de mayores dimensiones quedan atrapadas en las vellosidades de las cavidades nasales. Por otro lado, las cavidades nasales también ayudan a calentar y humedecer el aire que circula hacia las vías respiratorias inferiores.

- El aparato mucociliar está constituido por glándulas mucosas y células ciliadas que envuelven todo el árbol respiratorio, desde la laringe hasta los bronquios. Las paredes internas de estos órganos están cubiertas por un moco viscoso, segregado por glándulas mucosas específicas. Las pequeñas partículas que no han quedado atrapadas por la barrera formada por los pelos nasales son atraídas, por medio de fuerzas electrostáticas, hacia el moco, donde quedan retenidas. El moco, con su carga de agentes nocivos retenidos, es transportado por un sistema de cilios situados debajo de la capa de mucosidad que, con su movimiento, desplazan el moco en la dirección de las vías respiratorias superiores, donde será expulsado posteriormente, a través de la nariz y la boca. Cuando nos sonamos o deglutimos el moco, en realidad estamos ayudando al aparato respiratorio a librarse de sustancias y "huéspedes" no deseados que pueden ser perjudiciales para la salud.

- La tos y los estornudos son mecanismos de emergencia que actúan siempre que entran en el organismo partículas demasiado grandes como para ser eliminadas por el aparato mucociliar. En este caso, el organismo reacciona a través de la estimulación de receptores nerviosos específicos que expulsan un gran volumen de aire a gran velocidad (que puede superar los 300 km/h), y con él el cuerpo extraño que desencadenó la respuesta del organismo.

La tos también puede aparecer cuando, debido a infecciones u otras afecciones respiratorias, se desarrolla un exceso de moco (hipersecreción) que dificulta la acción de los cilios para su eliminación. En este caso, el moco se mueve de forma más lenta (estasis mucociliar), lo que permite que los virus y las bacterias tengan tiempo para reproducirse y propagarse, y producir una infección o una nueva infección por otro agente (sobreinfección). La hipersecreción de moco puede estimular los receptores de la tos existentes en el árbol bronquial y producir tos.

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